Corría el año 1996 y, delante de la tienda habitual donde solía comprar mis videojuegos, me decidí. Una Sega Saturn de un negro reluciente me estaba esperando. El porqué de la decisión era claro. Por aquellos tiempos un juego me quitaba el sueño en los arcades, un título que se encuadraba en mi género preferido: la conducción. El único sistema doméstico que me permitía tenerlo en mi propia casa era uno, la 32 bits de Sega. Así fue que junté moneda tras moneda para poder hacerme con la consola primero y el juego después. A propósito, debería comentarles que Sega Rally Championship fue el culpable de mi preferencia?