Siguiendo la pista de unas extrañas explosiones de gasolina, Tintín, Milú y los policías Hernández y Fernández llegan a un puerto del país ficticio de Khemed. El barco es registrado por la policía y se descubre un alijo de droga en el camarote de los policías y documentación relativa al grupo opositor del jeque Bab el-Ehr en el de Tintín, colocados allí para incriminarles.