Imagine tener su cuerpo alojado en un tanque de aluminio para que pueda ser preservado durante cientos de años congelado. Lo que hasta hace poco sonaba a pesadilla, se ha transformado en un auténtico negocio.
Cientos de personas han invertido ya sus ahorros en la preservación crónica de su cuerpo a través del mantenimiento de los cadáveres a temperaturas extremadamente bajas.