Xabi va al hospital a despedirse de su amiga María, que está a punto de morir por una cardiopatía incurable. Antes de entrar a verla se entera de que ella ha estado siempre secretamente enamorada de él, y se le ocurre la descabellada idea de decirle que él también, con la intención de “endulzar sus últimas horas”. María experimenta tal alegría que, contra todo pronóstico, supera la crisis. Xabi va a tener que seguir fingiendo, porque confesar la verdad sería matarla: los médicos avisan de que cualquier contrariedad romperá su corazón. Lo que no sabe nadie es que Xabi tiene novia y además está embarazada, de modo que se verá obligado a vivir una doble vida.